viernes, junio 30

A ESE HOMBRE DE KENTUCKY

Hace unos días bajé a Barcelona para hacer recados, pasear y tomarme el día libre. Y terminé a la hora de comer en plaza Cataluña, cansada y con hambre. Así que decidí no buscar mucho y pasarme por el Kentucky, ya sabéis dieta equilibrada y mediterránea =)

Mientras hacía cola para pedir una hamburguesa de pollo, unas patatas fritas y una Fanta naranja, me he fijé que estaba lleno de turistas.

No me extrañó verlos descansando rojitos de la playa, con sus mochilas y sus mapas de la ciudad, ni tampoco a los chicos sudamericanos con sus gorras, sus chaquetas de béisbol y sus modos de raperos. Tampoco me extrañó ver al chico de camisa a cuadros y corbata, leyendo el Sport, descansando antes de volver al trabajo.

Cuando ya estaba sentada y dispuesta a comer, lo que me llamó poderosamente la atención es ver sentado frente a mí, comiendo unas piezas de pollo y unas patatas fritas, a un señor mayor, todo el pelo canoso, con raya a un lado, tal vez un poco caída hacia la oreja como queriendo ocultar una calvicie bastante incipiente en medio de la cabeza. Las gafas grandes, de metal, con los cristales ligeramente oscurecidos... Es como si estuviera viendo a mi padre... ¿¿Qué hace mi padre comiendo en el kentucky??

Le observo porque me encoge el corazón verlo allí, comiendo las patatas fritas con los cubiertos de plástico, una a una, sin prisa... Es como si no tuviera que estar allí, como si este no fuera su sitio.

Estamos acostumbrados a ver a las personas mayores en el pueblo o en el barrio de nuestros padres (en el nuestro es difícil ver nada cuando estamos todo el día trabajando), con sus habituales costumbres, bajar a la compra, pasear, quedarse traspuestos en el sofá después de la comida… Pero no me acostumbro a verlos en el centro de la gran ciudad comiendo hamburguesas.

¿Son prejuicios? ¿O solo es que nos sentimos molestos cuando algo parece estar fuera de lugar?

Imagínate que estás en un concierto de los Mojinos Escozios y de repente ves que se te acerca Fraga…
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¡¡Coño, Don Manuel!! ¡¡Cómo usted por aquí!! Una birrita?
¿Sería un poco sui generis hasta para una película de Almodóvar, no?

Esto es a lo que me refiero, al ver allí a ese hombre ingiriendo comida rápida empecé a pensar que como mínimo, la nave Enterprise había chocado contra la tierra y se había producido una explosión termonuclear que había desestabilizado el orden cósmico, espacial y terráqueo, de tal manera que ya nada volvería a ser lo mismo y comenzaríamos a ver cosas raras y fuera de lo común.

Tal vez, si en vez de ese hombre mayor, hubiera visto a una drac queen montándoselo encima de la mesa con un alto ejecutivo vestido de fallera mayor, no creo que me hubiera chocado tanto. Seguramente les hubiera mirado y hasta me hubiese fijado en el vestido de la fallera, siempre he tenido una afición oculta por las tracas y las fallas. Pero no creo que me hubiera causado la menor conmoción.

A veces no son las cosas o los hechos más extravagantes o llamativos los que nos impresionan, las cosas que parecen normales, en las que has de fijar tu atención para saber exactamente lo que quieren decir o expresar, son las que nos llegan al corazón y a mí ese hombre me lo había encogido como si lo hubiera lavado con agua caliente.

No hace mucho dieron por la televisión un reportaje en el que salía una mujer mayor, una viejecita como las de cualquier barrio, que comentaba que no le llega la pensión y que tiene que comprar en el mercado de objetos robados (que no perdidos), el champú, el desodorante, la mortadela para cenar o un paquete de café.

Realmente a mi no me deja más sitio en el corazón que para sentirme culpable porque me he comprado un portátil que cuesta 1000 euros y la mujer no tiene ni para comprarse una falda en el mercadillo.
Seguramente después de haber estado toda su vida trabajando como una negra, sacando adelante a una familia, a unos hijos a un marido, cocinando, lavando y planchando. Dejando de comer ella para dárselo a sus hijos y ahora no puede comer porque no tiene dientes, porque tiene la tensión por las nubes y porque no tiene una pensión decente que le llegue a fin de mes… y lo más seguro es que le siga dando la propina a los nietos cuando van a visitarla…

A mi no me gustaría llegar a vieja y tener que comer una hamburguesa en un Kentucky, o la comida basura que coman nuestros nietos dentro de cuarenta años.
Yo quiero envejecer tranquilamente con los míos y comer de puchero a ser posible, contarles historias a mis nietos como las que cuenta mi padre y disfrutar de la vida porque realmente no sabes lo que pasará mañana.

Foto realizada por saseki
http://www.flickr.com/photos/saseki/


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